El deporte, en ocasiones, no entiende de méritos, sino de aciertos puntuales y caprichos del destino. El Pabellón Municipal Agustín Mourís vivió una tarde de gala, de esas que quedan grabadas en la retina por la intensidad y la emoción, aunque el desenlace dejase un sabor amargo en la parroquia local. El Noia Portus Apostoli FS cayó derrotado por la mínima (0-1) frente al todopoderoso Barça, pero lo hizo de pie, ofreciendo una imagen de dignidad competitiva encomiable. Un gol fortuito en el tramo final y la falta de puntería en el último suspiro privaron a los locales de un premio que, por juego y coraje, merecieron sobradamente.
La jornada comenzó con aires festivos. El popular grupo gallego The Rapants fue el encargado de realizar el saque de honor, encendiendo la mecha de una grada abarrotada que entendió, desde el primer minuto, que su papel sería fundamental. El ambiente eléctrico en la Vila sirvió de combustible para un Noia Portus Apostoli FS mermado sensiblemente por la enfermería. Las bajas de piezas clave como Altamirano, Macedo, Diego y Peixe obligaban a los de David Palmas a realizar un ejercicio de supervivencia y solidaridad táctica ante un transatlántico del fútbol sala mundial.
Desde el pitido inicial, los locales igualaron la contienda a base de intensidad. Lejos de amedrentarse ante la constelación de estrellas blaugrana, el cuadro noiés planteó un partido serio, cerrando espacios y mordiendo en cada balón dividido. Bajo palos, Schütt se erigió como un muro infranqueable durante el primer acto. El meta brasileño sostuvo a los suyos con intervenciones de mérito, destacando una parada antológica a disparo de Eric Martel. El propio jugador culé vería cómo los colegiados anulaban un tanto suyo minutos después por una mano previa, manteniendo el cero en el luminoso.
El Noia no se limitó a defender. Al contrario, las transiciones ofensivas llevaron veneno. Churrasco, Ismael y el capitán David Pazos rondaron el gol, e incluso Koeman, en su única rotación en pista, generó inquietud en la meta defendida por Feixas. El descanso llegó con las espadas en todo lo alto y la sensación de que el Agustín Mourís estaba empujando a su equipo hacia la hazaña.
Un desenlace cruel y agónico
Tras la reanudación, el guion del partido sufrió un giro táctico. El Barça, incómodo en el cinco contra cinco estático, buscó romper la baraja con la entrada de Dídac, utilizando su juego de pies para generar superioridades desde la portería. El Noia supo sufrir y reajustar su defensa, pero el infortunio golpeó al equipo en forma de lesión. A los tres minutos del segundo tiempo, un choque fortuito entre Schütt y su compañero Churrasco dejó al portero brasileño tendido sobre el parqué. Tras unos minutos de tensión y atención médica, el guardameta abandonó la pista por su propio pie, pero por precaución dejó su lugar bajo los palos al joven Iván.
La entrada del meta del filial no descompuso al equipo; al contrario, espoleó el orgullo de un grupo que se multiplicó en ayudas. Iván respondió con solvencia, y David Palmas, valiente, ordenó el juego de cinco para disputarle la posesión al Barça y buscar el triunfo. El partido entró en una fase de ajedrez táctico donde el Noia miraba a los ojos al gigante.
Sin embargo, en el minuto 35, la suerte dio la espalda al esfuerzo local. Eric Martel armó un disparo exterior que, a priori, no conllevaba excesivo peligro, pero el esférico impactó en el cuerpo de Montero. El desvío cambió radicalmente la trayectoria del balón, dejando sin capacidad de reacción a Iván y alojándose mansamente en la red para establecer el 0-1. Fue un golpe duro, un castigo excesivo para el derroche físico y mental de los locales.
Lejos de bajar los brazos, el Noia Portus Apostoli FS se lanzó a la desesperada en los últimos compases. David Palmas vistió a Ismael con la camiseta de portero-jugador, encerrando al Barça en su área. Las ocasiones se sucedieron: Pazos e Ismael rozaron el empate, pero el destino tenía reservada la última palabra para el último segundo. Sobre la misma bocina, Biel conectó un remate franco que olía a gol y a justicia poética. Sin embargo, apareció la cabeza de Dídac Plana para realizar una parada salvadora en la última milésima, certificando el triunfo visitante y dejando al Agustín Mourís con la miel en los labios.
El pitido final decretó la victoria del Barça, pero la ovación cerrada de la grada fue para un Noia Portus Apostoli FS que, pese a las adversidades y el resultado, demostró que tiene alma y carácter para competir contra cualquiera.
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